Solía soñar con árboles, según Doña Cuca, su madre, rememorando 14 años después, detalles de aquel lunes egoísta.
Daban las 7 de la mañana y Aníbal se encontraba en la estación del tren, esperando la llegada de su padre, lo que éste no sabía era que aquel día, sería el de su muerte.
Logró ser feliz por un instante pero solo en sus sueños, donde atravesaba un desierto sin fin pero con una lluvia que lo refrescaba de esta misma manera; sin embargo, al despertar se sentía bañado en excremento de pájaros.

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